Que ver en Valderrobres

Esta comarca ha resultado ser toda una sorpresa para mi, tierra de contrastes con un gran abanico de rincones por descubrir.

En mi primera incursión en la denominada ¨Toscana Española¨ opté por hacer noche en Valderrobres, uno de los pueblos más bonitos de España, que además está a menos de dos horas de Zaragoza. ¡Todo un lujo vaya!

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Después de explorar todas las opciones de alojamiento que había, me decidí por el albergue – hostel Valderrobres, muy económico y con una puntuación media de 9 en Booking, plataforma en la que suelo gestionar mis viajes. Y sin duda alguna, volvería a hospedarme aquí. La habitación era muy agradable, y el desayuno preparado con un especial mimo utilizando productos de la zona que me cautivó.

Perderse entre las calles y curiosear por cada uno de sus rincones todo un regalo. Me habían aconsejado aprovechar las visitas guiadas, pero en estas escapadas express siempre voy justa de tiempo. Eso si!! si hay algo que me pena con todo el dolor de mi paladar, es no haber podido cenar en el Restaurante Asador Baudilio. Si os planteáis venir, reservad con tiempo! ( y no me lo contéis, o me moriré de la envidia)

Sorpresa! aquí resiste una casa pintada de azul añil!  Esta huella del pasado morisco, tenía la funcionalidad de mantener el edificio en buenas condiciones de posibles infecciones. A día de hoy, esta herencia del pasado sigue utilizándose para pintar las casas aragonesas.

Después de disfrutar de mi momento favorito del día, y comprar aceite de la zona en una cooperativa muy cercana al casco antiguo, me despedí hasta el día siguiente.

A 11 minutos en coche, me planté en Beceite. Llevaba tiempo queriendo hacer la ruta del Parrizal y zambullirme en alguna poza de la zona. A la entrada del pueblo, veréis un puesto de información en el que os resolverán todas vuestras dudas. Mi consejo personal, es que si quereis ir a La Pesquera, madrugueis mucho. De hecho, cierran el acceso cuando consideran que el aforo está completo, por mantener el paraje controlado.

Desde allí, hasta el comienzo del Parrizal había unos kilómetros en coche. Como curiosidad, hay gente que llegaba en bicicleta eléctrica, gracias a la empresa de ¨burricletas¨ que hay instalada cerca de la oficina de turismo.

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Si el calor aprieta, puedes hacer una parada en el camino y disfrutar de ¨La Font de la Rabosa¨, poza natural que se encuentra en el mismo pueblo.

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Más adelante, hasta llegar al inicio de la ruta del Parrizal, pasaremos por tres parkings de pago, a 2, 4 y 8 €. Dependiendo de cuanto queráis andar y alargar vuestra excursión, podéis pagar una u otra cantidad. Yo por ahorrar tiempo. me decidí por el más cercano.

A partir de aquí, mi objetivo era llegar hasta los estrechos del Parrizal. Sin duda, es una excursión agradable y bien adaptada que se puede hacer en cualquier época del año. En un tiempo aproximado de tres horas desde el aparcamiento, nos adentraremos en un camino lleno de sorpresas, tanto por sus aguas turquesas como por sus tramos acondicionados para atraversarlas.

A escasos minutos de haber empezado, encontrareis un pequeño desvío que os llevará hasta las pinturas rupestres de Fenellasa, las cuales son un claro ejemplo de la huella de la actividad prehistórica que se remonta a 3.500 años de antigüedad.

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Un camino que transcurre entre barrancos y bosques nos darán cobijo contra el sol hasta que llegemos al final, un marco alucinante en el que reponer fuerzas.

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No te puedes bañar ya que es zona de captación de agua utilizada para consumo humano, pero por aquí si quieres seguir te mojas si o si.

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Las ganas de explorar más, me hicieron continuar. El barranco se iba estrechando y cada vez era más difícil seguir ya que había zonas con agua estancada en la que tenías que mojarte entero, y mi rodilla ya me estaba pidiendo tregua.

Después de haber disfrutado de esta maravilla, la vuelta se hace más ligera. Sobretodo cuando llegas al parking y te alegras de la buena decisión que fue pagar 8 € y no tener que seguir media hora más de camino.

Al lado del puesto del primer parking, apareció como un oasis un chiringuito y la piscina natural, en la que una cerveza bien fría me devolvió la vida.

Como broche final, paré en el embalse de la Estanca, en Alcañiz.

No podía perderme ese atardecer.

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